Kike Teruel: “Le tengo bronca a esta pandemia que cortó muchos sueños de la gente”

Kike es de esas personas serias pero lleno de amigos. Una persona que constantemente está tramando cosas nuevas y siempre apuesta a mejorar.

Él se recuerda desde los siete años, cuando vivía en la casa de su abuela. En la calle Santa Fe al 1100. “Al lado del patito”, cuenta. Tiempo después se mudaron al Barrio Postal y empezó el jardín en la Escuela Alvarado. Por todo el tiempo que había pasado con su abuela, ella era alguien infaltable para los hermanos Teruel, es por eso que cada día pedían (mejor dicho exigían) a su padre que los lleve a visitarla. Lleno de nostalgia cuenta que lleva grabado el olor a su abuela y de su madre, a sus comidas y a la casa. “Tengo el olor de la Santa Fe al 1100”, dice.

Con tan solo años se inclina hacia la vida artística y empieza a tocar el charango. Su gran debut era en el entonces Teatro Provincial, ex Teatro Victoria. “El espectáculo central eran Los Cantores del Alba”, recuerda. Con nueve años, tenía una presentación y su guitarrista no podía asistir. Entonces a modo de favor le pidió a Mario, su hermano, que lo acompañara. “Él aprendió a tocar y éramos el dúo Teruel”, contó. Con ese nombre recorrieron distintos festivales y actos escolares.

A Kike se lo conoce por ser un gran apasionado, pero no solo de su música sino también del fútbol. Se remite a la niñez, cuando jugaban en el colegio. En especial tiene patente una vez en que hicieron una selección y él no quedo elegido. Por una u otra cosa, algunos chicos no pudieron ir, entonces lo llamaron. “Fui el capitán de ese equipo y ganamos”, cuenta. Cuando comenzó a tomar seriedad su carrera como cantante, el fútbol quedó un poco de lado. Aunque asegura que igual juega, con o sin cansancio.

En el secundario uno empieza a forjar su personalidad, define sus gustos y su manera de pensar. En el caso de Kike, cuenta que cambió mucho pero supo adaptarse. En ese entonces era “un muerto con las mujeres”. Él cree que para conquistar un amor, hay que ser “piola”, bailar bien, ser canchero o entrador. “Yo no bailaba bien ni tenía chamuyo”, cuenta.

Al terminar la secundaria parte para Tucumán y se separa de Mario, es ahí cuando su hermano empieza a salir con “La Moro”. Acá se encontró con su primer novia pero la relación no dio muchos frutos y tiempo después en medio de un concierto se la presentaron a Carina, su actual mujer. “Antes de Carina tuve una sola novia en la facultad, después se clavó Carina y chau”, explica.

Con el tiempo llega la propuesta de Los Nocheros, el grupo musical que marcaría su historia artística de por vida. Un grupo folclórico que siempre apuesta a las nuevas ideas y artistas. Es así que pasó el Pala Aguilera, Jorge Rojas y muchos otros. Hasta llegar al grupo conformado que son hoy.

Después de éxito tras éxito, Kike llega a un punto en que siente que y no da para más en la provincia y propone a los integrantes del grupo viajar a Buenos Aires. Al llegar allá van a grabar un disco y cuenta: “Se incendió el estudio de grabación, le dio un infarto al manager y quebró la productora, nos pasó de todo. Volvemos a Salta y estaba el cólera”. Entre otras cosas, habla del “golpe nochero” y explica que la fama de alguna manera te sube los humos y te nubla la vista. Es algo inexplicable, en el que no saben cómo actuar.

Para redondear, Kike es de los que deciden creer en todo, ya sea dios o el universo. Siente que el hombre le ha ganado a la institución y se llevó una decepción con la religión. Busca la felicidad constante y si le duele algo, le duele un ratito y se le pasa. Quiere que no se cree más pánico en la sociedad y nos hace dar cuenta que la felicidad está al alcance de la familia. Y adelantó: “El proyecto que tenemos hoy es seguir adelante y esperar a que esto pase rápido”.

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