El Gobierno argentino considera que la crisis política que atraviesa Paraguay tras la salida de Santiago Peña no modificará, por el momento, su estrategia regional ni su agenda dentro del Mercosur. Desde la Casa Rosada interpretan el conflicto como una situación interna del país vecino y sostienen que no tendrá consecuencias directas sobre la relación bilateral.
La administración de Javier Milei mantiene la expectativa de que el vicepresidente paraguayo, Pedro Alliana, pueda asumir la conducción del Ejecutivo y sostener la orientación económica y comercial que compartía con Peña. En el Gobierno destacan su cercanía política e ideológica y consideran que su eventual llegada permitiría mantener la sintonía entre ambos países.
Sin embargo, algunos funcionarios reconocieron que todavía es prematuro evaluar el impacto de la crisis. Mientras tanto, la Cancillería, encabezada por Pablo Quirno, sigue de cerca los acontecimientos en Asunción, aunque hasta el momento no realizó un pronunciamiento oficial.
Uno de los principales puntos de coincidencia entre Milei y Peña era la postura sobre el Mercosur. Ambos impulsaban una mayor apertura comercial, la desregulación y una flexibilización del bloque para que sus integrantes pudieran negociar acuerdos bilaterales por fuera del esquema regional. Esta posición mantiene diferencias con la visión de Brasil, encabezada por Luiz Inácio Lula da Silva.
En paralelo, el Gobierno argentino descartó que la situación paraguaya tenga, por ahora, un impacto significativo sobre los mercados locales. No obstante, la crisis ya tuvo repercusiones laborales en Argentina: trabajadores de ITTI, empresa vinculada al grupo empresario relacionado con Ueno Bank, denunciaron suspensiones y dificultades para cobrar sus salarios.











