A 50 años de La Noche de los Lápices, el reclamo por el acceso a la educación pública y al transporte gratuito para estudiantes continúa vigente. En medio de la crisis económica, el costo de viajar hasta las instituciones educativas representa una dificultad para muchas familias, mientras que el boleto estudiantil enfrenta nuevas condiciones y restricciones.

El 16 de septiembre de 1976, durante la última dictadura militar, diez estudiantes secundarios fueron secuestrados en la ciudad de La Plata por su participación política y su militancia estudiantil. Los jóvenes también habían formado parte de las movilizaciones por el Boleto Estudiantil Secundario (BES), una conquista que permitía acceder a tarifas de transporte más económicas.

En la actualidad, el beneficio alcanza a estudiantes de distintos niveles educativos, aunque las condiciones varían según cada jurisdicción. En la Ciudad de Buenos Aires, el boleto estudiantil está destinado a alumnos de los niveles Inicial, Primario y Secundario de escuelas estatales o privadas con una subvención del 100% y cuota cero. También incluye a estudiantes de Educación Especial, Centros de Educación Profesional y personas adultas que buscan finalizar sus estudios.

Una de las modificaciones señaladas es la implementación de un régimen de faltas que vincula la continuidad del beneficio con la asistencia escolar. De acuerdo con la normativa aplicada en la Ciudad, quienes acumulen más de cinco faltas injustificadas por bimestre pueden perder el acceso al pasaje gratuito y a determinadas becas asociadas a la regularidad.

Además de las condiciones de asistencia, los estudiantes deben atravesar distintos procedimientos administrativos para tramitar o mantener el beneficio. Desde los centros de estudiantes remarcaron que las dificultades económicas, los aumentos en las tarifas y las restricciones al acceso pueden convertirse en obstáculos para sostener la cursada y la permanencia en el sistema educativo.

El boleto estudiantil, que surgió de la organización y el reclamo de estudiantes secundarios, continúa siendo presentado como una herramienta para garantizar el acceso a la educación. A cinco décadas de La Noche de los Lápices, la discusión vuelve a centrarse en las condiciones necesarias para que trasladarse hasta la escuela no sea una barrera para estudiar.