Un día marcado por la desconfianza
El martes 13 es, para buena parte del mundo hispanohablante, un símbolo de mala suerte. La frase que lo acompaña desde hace siglos se repite con naturalidad, entre la broma y la cautela. Pero detrás de ese refrán hay una construcción cultural compleja, alimentada por tradiciones que se fueron entrelazando hasta convertir esta fecha en un ícono de la superstición.
Entre Marte, la religión y los mitos populares
El número 13 arrastra una reputación oscura desde tiempos remotos. En distintas tradiciones religiosas aparece asociado a fuerzas negativas, desorden o sacrificio. La Cábala menciona trece espíritus malignos y, en relatos bíblicos, el número se vincula a episodios de tensión espiritual. Con el tiempo, estas referencias reforzaron la idea de que el 13 trae consigo un aura de infortunio.
A esa carga simbólica se suma el peso del martes. En la mitología romana, el día está consagrado a Marte, dios de la guerra, la violencia y la destrucción. Para una sociedad que interpretaba la vida a través de la voluntad de sus deidades, iniciar un proyecto importante bajo la influencia de un dios belicoso no parecía la mejor decisión. Así, el martes quedó marcado como un día poco propicio para bodas, viajes o compromisos trascendentes.
La combinación del martes con el número 13 terminó consolidando una superstición profundamente arraigada en los países de habla hispana. Incluso se intentó vincularla con hechos históricos, como la caída de Constantinopla, aunque la cronología real no coincide con el mito. En paralelo, en otras culturas el temor se trasladó al viernes 13, asociado tanto a la crucifixión de Jesús como a episodios como la persecución de los templarios en 1307.
Un mito que sigue vigente en la vida cotidiana
A pesar de los avances científicos y tecnológicos, el martes 13 continúa ocupando un lugar especial en el imaginario colectivo. Algunos lo evitan por las dudas, otros lo repiten con humor y muchos lo consideran un día más. Sin embargo, esta superstición —nacida de la mezcla entre mitología, religión y tradición oral— demuestra que los símbolos y los relatos antiguos siguen teniendo fuerza para influir en la vida moderna.










