Mientras la carne vacuna acumula un aumento del 15% en apenas dos meses, las carnicerías de Salta enfrentan un derrumbe del consumo y un costo oculto que golpea más fuerte que la inflación: el impuesto a los Ingresos Brutos. “La provincia nos mata”, sentenció Dardo Romano, quien asegura que el tributo provincial se lleva buena parte de la rentabilidad del sector.

La crisis económica golpea a todos los rubros, pero en Salta hay un sector que siente el impacto con una crudeza particular: las carnicerías. En diálogo con Cadena Máxima, Dardo Romano, empresario cárnico, trazó un panorama alarmante sobre el presente y el futuro del consumo de carne en la provincia.

Según explicó, la carne vacuna ya aumentó entre un 15% y un 16% en lo que va del 2026: “Un 5% en enero y entre un 8% y 10% en febrero”. Pero el problema no termina ahí. El consumo se desploma y la gente migra hacia opciones más económicas como el pollo o el cerdo. “Cada vez está más difícil vender carne. La gente compra por monto, no por kilo».

Hay lugares donde piden 1.000 pesos de carne picada porque no les alcanza para más”, describió.
Sin embargo, el golpe más fuerte no viene del mercado, sino del Estado provincial.

Ingresos Brutos: el impuesto que asfixia al sector

Romano fue contundente: “Ingresos Brutos nos mata. Es un 5% sobre la facturación, un impuesto en cascada que se lleva buena parte de la utilidad”.
El empresario aseguró que, mientras el Gobierno nacional intenta reducir cargas impositivas, en Salta la presión fiscal sigue intacta y recae sobre comercios que ya operan con márgenes mínimos.

A esto se suma la estructura municipal, que según Romano, está sobredimensionada: “Todos los salteños sabemos la cantidad de empleados municipales que hay, los consejos deliberantes llenos de gente… y todo eso se paga con impuestos que salen de los que producimos”.

Exportación y precios internacionales: la tormenta que viene

Romano también advirtió que la carne seguirá subiendo. Con nuevos acuerdos de exportación hacia Estados Unidos, Europa y otros mercados, los precios internos tenderán a alinearse con los internacionales.

“Un corte que acá vale 25.000 pesos afuera puede valer 60.000. La carne tiene recorrido para seguir subiendo. No sé si será rápido o lento, pero va a pasar”, explicó.
Para el consumidor argentino, eso significa una sola cosa: comer carne vacuna será cada vez más un lujo.

El consumo cambia y el bolsillo manda

El empresario reconoció que el argentino sigue siendo uno de los mayores consumidores de carne del mundo —116 kilos por persona al año sumando vaca, pollo y cerdo—, pero la participación de la carne vacuna cae sin freno.
“Vamos a tener que apoyarnos más en el cerdo y el pollo. No queda otra”, afirmó.

Un sector que pide aire

Entre aumentos, caída del consumo y presión impositiva, las carnicerías salteñas atraviesan un momento crítico. Romano lo resumió sin vueltas:
“Para los carniceros es complicado, para los consumidores también. Pero si no bajan la presión impositiva, no hay forma de sostenerse”.
La advertencia está hecha. Y el diagnóstico es claro: la carne sube, el consumo baja y los impuestos aprietan.
En el medio, un sector que intenta sobrevivir mientras la provincia —según sus propios protagonistas— “los mata”.