Cada 29 de noviembre se celebra el Día Mundial Sin Compras, una jornada que nació como protesta frente al consumismo desmedido y que hoy cobra más sentido que nunca. En plena temporada de descuentos, con el Black Friday como epicentro comercial, miles de personas en todo el mundo aprovechan esta fecha para cuestionar el impulso de comprar por comprar y plantearse qué necesidades son reales y cuáles están creadas por la lógica del mercado.

Este día propone algo simple pero revolucionario: parar, no consumir y recordar que la felicidad no está en llenar bolsas, sino en vivir experiencias que aportan bienestar, conexión y calma. Y, aunque el gesto de no comprar durante 24 horas parezca simbólico, sirve para poner el foco en una pregunta clave: ¿qué cosas nos hacen verdaderamente felices?

La propuesta consiste en escapar de la corriente consumista que las empresas y los publicistas nos imponen tanto en Navidad como en el resto del año. Para ello se invita a toda la población a no acudir a comercios y grandes almacenes, reducir al máximo las compras de esa jornada limitándolas a lo realmente necesario, o incluso anularlas, y salir a la calle para denunciar un sistema socioeconómico injusto, alienante y ambientalmente insostenible.

Desde que se comenzó a celebrar este día, en 1992, cada año son más los países que se suman a esta iniciativa. Las formas en que las diversas organizaciones internacionales se manifiestan son muy variadas, pero mantienen en común una crítica al modelo de consumo en el que estamos instalados, homogeneizador, despilfarrador, cínico e individualista, que contribuye, de forma decisiva, al mantenimiento de una situación que nos está conduciendo al colapso social y ambiental.

Este año Ecologistas en Acción quiere mostrar a través de distintas actividades en varias partes del Estado español, que las alternativas al modelo de consumo son viables y están cada vez más cerca del consumidor. A través de jornadas de cine anticonsumistas, visitas guiadas a comercios alternativos y proyectos de consumo crítico y responsable, mercadillos de intercambio, exposiciones, charlas, talleres y mesas redondas, se pretende que el Día Sin Compras sea algo más que un día de reflexión y se convierta en una apuesta decidida por un modelo de consumo social y ambientalmente sostenible.