Bolivia atraviesa una profunda crisis política y social, y el presidente Rodrigo Paz busca reforzar el papel de las Fuerzas Armadas para intentar poner fin a los bloqueos y protestas que afectan al país desde hace más de un mes. La situación provocó problemas de abastecimiento, cortes de rutas y enfrentamientos que ya dejaron varios muertos.
Como parte de esa estrategia, Paz envió al Parlamento un proyecto de ley para regular los estados de excepción y ampliar la participación del Ejército en conflictos internos. La iniciativa apunta a facilitar la reapertura de carreteras bloqueadas y garantizar el suministro de alimentos, combustibles y medicamentos en distintas regiones bolivianas.
La crisis golpeó especialmente a las ciudades de La Paz y El Alto, donde la escasez de productos básicos y combustible generó largas filas, aumentos de precios y dificultades para el funcionamiento normal de escuelas, comercios y servicios públicos.
En medio del conflicto, el Gobierno también sufrió una fuerte crisis interna. En los últimos días renunciaron varios ministros, incluido el titular de Defensa, mientras el presidente designó nuevas autoridades para intentar recuperar el control de la situación.
Los bloqueos son impulsados por organizaciones sindicales, sectores sociales y grupos afines al expresidente Evo Morales, que reclaman la renuncia de Paz y cuestionan las políticas económicas aplicadas por su administración. El Gobierno, por su parte, sostiene que continuará buscando el diálogo, aunque advierte que necesita medidas más firmes para garantizar el funcionamiento del país.
La posibilidad de una mayor intervención militar genera preocupación entre sectores opositores y organizaciones de derechos humanos, que temen una escalada del conflicto. Sin embargo, desde el oficialismo afirman que la prioridad es restablecer la circulación y evitar que la crisis siga afectando a millones de bolivianos.










