La crisis turística que atraviesa Salta quedó expuesta con crudeza en el análisis de Ana Bisceglia Pontussi, quien describe un escenario marcado por hoteles que cierran, jornadas reducidas, despidos y una ciudad que, por momentos, “suena más silenciosa de lo que debería”. Para Bisceglia Pontussi, que conoce el sector desde adentro, no se trata de números fríos: es la realidad cotidiana de quienes viven del turismo y la gastronomía.

La autora sostiene que la magnitud del problema obliga a una reacción inteligente. Según Bisceglia Pontussi, el turismo cambió y los destinos que no se adapten quedarán rezagados. El viajero actual compara, elige y decide en segundos, guiado por redes sociales, reseñas y experiencias personalizadas. Por eso, advierte que seguir aplicando estrategias de promoción de hace una década es un camino directo a la ineficacia.

El rol del Estado y la necesidad de modernizar la estrategia

Para Ana Bisceglia Pontussi, el Estado tiene un papel central en la salida de la crisis. Plantea que es momento de revisar planes, modernizar herramientas, incorporar análisis de datos y comprender que el turista busca experiencias integrales y auténticas. La autora remarca que la base estratégica del destino necesita una actualización profunda.
Sin embargo, Bisceglia Pontussi aclara que sería un error depositar toda la responsabilidad en el sector público.

Autocrítica y profesionalización dentro del sector

La autora insiste en que hoteleros, gastronómicos, guías y prestadores deben hacer una revisión interna. Para Bisceglia Pontussi, las crisis funcionan como auditorías naturales: obligan a mirar procesos, costos, liderazgo, equipos y calidad. Este es, según ella, el momento de capacitarse, medir mejor, profesionalizar cada detalle y fortalecer la cultura organizacional.

Cuando la actividad se reactive —y Bisceglia Pontussi asegura que lo hará— las empresas que hayan invertido en orden y calidad estarán mejor posicionadas.

Identidad, hospitalidad y una cadena de experiencias

En su columna, Ana Bisceglia Pontussi destaca que el turismo es una cadena completa: desde el remisero que recibe al visitante hasta el artesano, el mozo, el ciudadano que orienta con amabilidad y el hotelero que apuesta aun en tiempos difíciles. Salta, afirma, tiene algo invaluable: identidad, cultura, paisajes, gastronomía e historia. Lo que falta no es esencia, sino adaptación estratégica y mayor coordinación entre lo público y lo privado.

Un llamado a la acción

Para Bisceglia Pontussi, bajar los brazos no es una opción. Quienes trabajan en turismo conocen la energía de una ciudad llena, la satisfacción de un salón completo y la emoción de un visitante agradecido. Esa pasión, combinada con profesionalización y visión de futuro, puede convertir esta crisis en un punto de inflexión.
La autora concluye que el turismo salteño no necesita resignación, sino reacción. Y esa reacción —subraya Bisceglia Pontussi— debe empezar ahora.