El gobierno de Donald Trump avanza con un plan para acelerar las deportaciones de niños migrantes que se encuentran bajo custodia en Estados Unidos, en una medida que ya genera fuerte preocupación entre organizaciones y abogados.

Según reveló un informe basado en fuentes oficiales, las autoridades están adelantando las audiencias migratorias, reduciendo los tiempos de espera de semanas o incluso meses. Esto implica que los menores deben presentarse en tribunales con mayor frecuencia y, en muchos casos, sin contar con representación legal.

Desde el Gobierno sostienen que esta política busca agilizar los procesos y evitar que los niños queden expuestos a redes de trata o explotación. En esa línea, argumentan que resolver los casos más rápido permite “llevarlos a entornos seguros lo antes posible”.

Sin embargo, especialistas en migración advierten que la rapidez del proceso podría afectar el derecho a la defensa de los menores. Señalan que al reducir los plazos, se limita la posibilidad de preparar adecuadamente los casos, lo que incrementa las chances de que sean deportados sin una evaluación completa de su situación.

La medida vuelve a poner en debate las políticas migratorias del gobierno estadounidense, especialmente en lo que respecta al trato de niños y adolescentes en el sistema de detención y deportación.