Un informe reciente volvió a encender las alarmas en el norte de Salta por la presencia de explosivos enterrados desde hace décadas, utilizados por YPF durante tareas de exploración petrolera.

Se trata de los llamados “boosters sísmicos”, pequeñas cargas que fueron colocadas entre los años 70 y 80 y que, en muchos casos, nunca fueron detonadas ni retiradas. Hoy permanecen bajo tierra sin una localización precisa, lo que genera un riesgo constante tanto en zonas rurales como en áreas habitadas.

El problema se agrava por la falta de registros claros: no existen mapas completos ni cifras oficiales sobre cuántos artefactos siguen activos, aunque distintas estimaciones hablan de miles distribuidos en amplias zonas del norte provincial.

Estos explosivos, que contienen materiales como TNT, pueden activarse por manipulación, descargas eléctricas o incluso de manera accidental, lo que ya provocó incidentes en el pasado, algunos con consecuencias graves.

Además, fenómenos naturales como el alud de Tartagal en 2009 contribuyeron a desplazar estos dispositivos hacia zonas pobladas, aumentando la incertidumbre sobre su ubicación y el peligro para la población.

Aunque en los últimos años comenzaron tareas de detección y desactivación con equipos especializados, el proceso es lento y complejo. Mientras tanto, el norte salteño sigue conviviendo con un riesgo latente que pone en evidencia una deuda histórica en materia ambiental y de seguridad.