Mientras continúan las tareas de rescate entre los escombros, miles de venezolanos enfrentan otra batalla: conseguir comida. En los refugios improvisados y en las ciudades más afectadas por los terremotos, los sobrevivientes denuncian que la ayuda llega de forma insuficiente y que muchos dependen de las sobras que distribuyen los militares para alimentarse.
En La Guaira, uno de los estados más golpeados por los sismos, los damnificados relataron que deben hacer largas filas para conseguir un plato de comida. «Agarramos las sobras de los militares», contó una mujer que permanece en un refugio improvisado junto a su familia, mientras espera asistencia oficial. Otros vecinos denunciaron que la ayuda llega de manera irregular y que muchas comunidades todavía no recibieron alimentos.
La Organización de las Naciones Unidas estima que cerca de siete millones de personas resultaron afectadas por el desastre y advirtió que la situación podría empeorar si no se incrementa rápidamente la asistencia internacional. Los daños materiales fueron calculados en unos 6.700 millones de dólares, equivalentes a aproximadamente el 6% del Producto Interno Bruto venezolano.
Mientras tanto, las tareas de rescate continúan entre los escombros, aunque las posibilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen con el paso de las horas. Voluntarios y familiares también expresaron su frustración por la falta de maquinaria pesada y por la lentitud en la distribución de recursos esenciales para las zonas más afectadas.
Organismos internacionales y equipos de rescate de distintos países continúan enviando alimentos, agua potable, medicamentos y personal especializado. Sin embargo, especialistas advierten que la emergencia ya no solo se concentra en la búsqueda de sobrevivientes, sino también en evitar una crisis sanitaria y alimentaria de gran escala entre los millones de damnificados.
La crisis humanitaria se convirtió en uno de los principales desafíos para las autoridades venezolanas, que enfrentan crecientes reclamos por la falta de asistencia en los refugios y por las dificultades para abastecer a las comunidades más afectadas por el desastre.










