POLÍTICA

“La verdad es que nos sorprendió. Esperábamos ganar, pero no por esta diferencia”, decían al lado del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, cerca de las 22 horas cuando la victoria de Fuerza Patria ya estaba confirmada. Un rato antes, cuando desde el centro de cómputos ubicado en Monte Grande, el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, daba a conocer los resultados oficiales, en La Plata el búnker del peronismo se fundió en un grito en el lobby del hotel que reunió a los candidatos y al gobernador. Allí, ministros, funcionarios y colaboradores festejaron. Afuera, sobre la avenida 51 entre 9 y 10 de la capital bonaerense, la música ya era de fiesta y la militancia arengaba la victoria. El gran ganador había resultado Kicillof.

El mandatario provincial se jugó buena parte —o casi todo— de su capital político. Salió airoso de la prueba de fuego a la que se sometió desde el momento en que decidió desdoblar la elección el 7 de abril de este año. Exactamente, cinco meses después celebró la victoria electoral sobre el presidente Javier Milei. Si bien ni el gobernador ni el mandatario eran candidatos, ambos sumaron elementos para nacionalizar los comicios. “En su momento, nosotros miramos de costado la decisión, la verdad. A nosotros nos llevó a un debate interno”; admitió una dirigente del Frente Renovador presente en el búnker. Sinceró: “Con el diario del lunes te digo que fue una buena decisión”. Desde el traumático cierre de listas provinciales, el Frente Renovador de Sergio Massa se mostró receptivo a la propuesta de Kicillof. De hecho, el propio Massa participó en lo que fueron las últimas actividades del mandatario provincial en plan electoral.

Axel Kicillof

Antes, durante y después del acto, la militancia coreó: “Es para Axel, la conducción…”. Distintas agrupaciones llegaron hasta las inmediaciones del búnker. En la calle se había montado un escenario de considerables dimensiones, con una fuerte puesta en escena; con pantallas por doquier, torre de luces y sonido y drones sobrevolando. La victoria electoral habilitó la liturgia triunfalista que incluyó fuegos artificiales y Kicillof llevándose toda la atención. En el entorno del mandatario intentaron bajarle la espuma a los cánticos, pero reinaba un diagnóstico: nadie iba a preparar un escenario de tales dimensiones, movilizar tanta gente si los guarismos eran desfavorables.

En el plano provincial, el resultado electoral le da más espalda en el terreno legislativo. El peronismo recuperó el quorum propio en el Senado y sumó dos bancas en la Cámara de Diputados. Pero lo que miran los armadores políticos de Kicillof es hacia adelante: 2027.

“El peronismo, para tener una oferta electoral en el 27 a nivel nacional, tiene que hacer un trabajo grande. Yo creo que venimos de haber perdido una elección nacional, de haber perdido con Milei, que no es poca cosa. Me parece que en ese sentido hay un proceso de repensar, de reconstruir, de reformular, de revincularse también con la sociedad y es un país que tiene diferentes realidades también”, había dicho Kicillof en una entrevista con Infobae la semana pasada ante una eventual candidatura en 2027.