Con depósitos récord en el sistema, el equipo económico evalúa habilitar préstamos en moneda extranjera. El recuerdo de la crisis de 2001 divide al Banco Central y a los bancos.

El Gobierno nacional volvió a poner sobre la mesa un tema históricamente sensible en la Argentina: la posibilidad de reactivar los créditos en dólares para personas y empresas que no generan divisas. La discusión, que durante años fue considerada tabú, surge en un contexto de fuerte crecimiento de los depósitos en moneda extranjera dentro del sistema financiero.
El equipo económico, encabezado por el ministro Luis Caputo y el titular del Banco Central Santiago Bausili, analiza cómo canalizar los más de USD 38.800 millones depositados en bancos hacia el consumo interno y el sector inmobiliario.
Actualmente, gran parte de esa liquidez es resultado del último blanqueo de capitales y de la dolarización de ahorros durante el ciclo electoral de 2025. A diferencia de otros períodos de incertidumbre, esos fondos no salieron del país, sino que permanecieron dentro del sistema, fortaleciendo la capacidad de préstamo de las entidades.
El peso del antecedente de 2001
Sin embargo, el principal obstáculo para avanzar es el recuerdo de la crisis de 2001, cuando el descalce de monedas —deudas en dólares con ingresos en pesos— provocó un colapso financiero.
Tras la salida de la convertibilidad, el Banco Central de la República Argentina estableció fuertes restricciones que aún siguen vigentes. La normativa actual permite prestar dólares únicamente a quienes generan ingresos en esa moneda, como exportadores.
Este marco legal, reforzado por la Ley 26.546, busca evitar riesgos sistémicos. Hoy, cerca del 55% de los depósitos en dólares ya están prestados a sectores vinculados al comercio exterior, mientras que el resto se canaliza principalmente hacia el mercado de capitales.
División en el sistema financiero
La posibilidad de flexibilizar estas reglas genera una fuerte división dentro del sistema financiero. Algunos bancos ven oportunidades en segmentos específicos, como grandes empresas, compañías con ingresos atados al dólar y créditos hipotecarios.
En este último caso, las propuestas son cautelosas: préstamos por montos limitados y con una relación cuota-ingreso mucho más estricta que en los créditos en pesos, con topes de entre el 10% y el 15% del salario.
Del otro lado, sectores más conservadores de la banca y técnicos del BCRA advierten sobre los riesgos de volver a escenarios de vulnerabilidad. El principal temor es que una apreciación del peso incentive el endeudamiento en dólares y genere problemas de solvencia ante un eventual salto cambiario.
La estrategia oficial y el freno político
Desde el Gobierno sostienen que el sistema financiero actual cuenta con mayores controles y herramientas tecnológicas que en los años 90, lo que permitiría administrar mejor los riesgos.
Además, aseguran que el foco estaría puesto en sectores como el inmobiliario, donde existen garantías reales que reducen la posibilidad de incumplimiento.
El propio ministro Caputo ya había adelantado la intención de impulsar este tipo de financiamiento como motor para reactivar la construcción. Sin embargo, cualquier cambio estructural requeriría modificar la legislación vigente, un paso que por ahora no tiene un proyecto formal en el Congreso.









