Boca dejó una señal alentadora en su triunfo por 3 a 0 ante Lanús, un partido que marcó un quiebre en su producción ofensiva. La sociedad entre Miguel Merentiel y Ádam Bareiro fue el eje de la mejor actuación del año para el equipo de Claudio Úbeda, que por primera vez mostró un ataque con peso, movilidad y contundencia.
La dupla que cambió la noche
Merentiel rompió su sequía en 2026 con un doblete y recuperó confianza, atacando de frente al arco y aprovechando los espacios que Bareiro generó a su alrededor. El paraguayo, en su segundo partido como titular, ofreció exactamente lo que el equipo venía necesitando: presencia física, juego de espaldas y la capacidad de fijar a los centrales para liberar caminos al resto.
Úbeda destacó en conferencia que Bareiro aporta “características distintas” al plantel y que su capacidad para sostener la pelota permite encontrar una salida directa cuando los rivales presionan alto.
Un funcionamiento que se potenció
La estructura ofensiva se vio favorecida por el rendimiento colectivo.
• Tomás Aranda, con frescura y atrevimiento, fue una de las figuras del encuentro y conectó bien con los delanteros.
• Leandro Paredes manejó los tiempos y asistió con precisión a Merentiel en el tercer gol, una jugada que sintetizó la mejor versión del equipo: pase filtrado, movimiento coordinado y definición limpia.
La combinación entre Aranda, Paredes y la dupla de atacantes le dio a Boca variantes que no había mostrado en los primeros partidos del año.
Una señal para lo que viene
El equipo había sufrido por su falta de peso ofensivo en el inicio de la temporada. La consolidación del doble nueve aparece ahora como una respuesta concreta para un cuerpo técnico que buscaba soluciones y que encontró, al menos por una noche, un camino claro para sostener.










